Llevo mas de 13 años trabajando en la Fundación Mayores, mi trabajo, aunque lo realizo con el corazón, es frío en el sentido de que mis tareas las realizo desde mi silla, tras mi mesa y mi ordenador, aislada en mi despacho, perdida entre textos y números y sin contacto físico con las personas a las que apoyamos desde la Fundación.

Por eso, me fui con las trabajadoras sociales de la Fundación a una excursión que organizaron a Puerto Lápice, quería conocer a las personas.

Paseamos por el pueblo admirando sus ventas, la iglesia y la plaza, comimos como buenos manchegos en un aprisco, y lo más importante, conocí a nuestros chicos y chicas mayores, ya no por nombre, sino por su cara, por su voz y por su sonrisa.

Fue un día alegre, con un sol espléndido que quiso pasear con nosotros. Me volví a casa contenta, y como ellos, deseando de volver a salir de excursión.

Yo sabía, sé, que mis compañeras son grandes profesionales, que adoran a nuestros chicos, que los cuidan, los miman y los apoyan, que hablan de ellos como si se tratara de familiares o de amigos, pero ayer vi como los ayudan respetando y fomentando su autonomía.

Para mis compañeras les parecerá normal ir con ellos y ver como se sacan su dinerito y pagan sus compras, para mí, ir con Maria a comprar una figura de un molino y verla como elige el molino que ella quería para su mesa de habitación y sacarse su monedero y pagar fue un darme cuenta de que la Fundación valora sus decisiones, les apoya y, ante todo, les respeta y les permite tener su dinero en su bolsillo y hacer el gasto que ellos deseen, una gran manera de respetar su independencia y su autonomía.

Valoro en gran medida el trabajo que hacen las compañeras trabajadoras sociales, después de este viaje, solo puede decir que las admiro aún más por su dedicación, su comportamiento hacia ellos y la autonomía personal que les ayudan a tener a todas las personas que apoyamos y protegemos desde Fundación Mayores.

Yolanda García Díaz

Jefa de Administración

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