Martes, 12 de agosto, 7:00h de la mañana, empieza mi jornada laboral, reviso temas pendientes y preparo porque hoy toca visita fuera de Albacete, hoy toca si todo va bien la visita en dos residencias en dos localidades diferentes, además de visitar un nuevo usuario que todo apunta que va a ser complicado.
Son las 9:20h de la mañana, había quedado con el trabajador social de zona para ir a visitar al nuevo usuario. Éste me presenta a la educadora, ella nos acompañará también en la visita, parece ser que hasta el momento han mantenido buena relación con el usuario. Mantenemos una pequeña reunión, donde ponemos el caso encima de la mesa y varias preguntas que se quedan sin respuesta:
“….Varón, 50 años (según estudio anatómico, no existe registro de nacimiento ni familiares), ha estado en varias residencias, de las cuáles siempre termina yéndose por voluntad propia y sin incidente aparente en estas. Actualmente, reside en la calle, en una de las calles principales de la localidad, lleva fuera de la residencia dos meses.
En este tiempo no ha aceptado la ayuda ofrecida por los servicios sociales, solamente la de los vecinos de la localidad, que le dan comida, dinero y tabaco. En estos dos meses, no ha habido aseo alguno. Físicamente, es una persona corpulenta, bien puede pesar 100kg. Es bajo. Desaliñado completamente y el olor que emana es muy desagradable.
Tiene úlceras en las piernas que no están siendo tratadas ni curadas, las cuáles le están supurando……” ¿No hay manera alguna de llevarlo a urgencias? ¿Cómo podemos hacer que se dé cuenta de su situación? ¿Qué podríamos hacer para llevarlo de nuevo a una residencia? ¿Es la residencia el recurso adecuado para él?”

Con todo este mar de dudas, vamos a buscar al usuario, se encuentra en el mismo banco de todos los días, todavía no hace mucho calor y ahí da la sombra. Llegamos y antes de saludarlo, ya nos está invitando a irnos. Con la templanza y saber estar que caracteriza a esta profesión (trabajo social), pedimos que nos escuche, que solo queremos ayudarlo.
El usuario la semana pasada, en la visita realizada por el trabajador social de zona, prometió que esta semana iría al hospital para realizar una cura de las úlceras de las piernas, se le recuerda, pero se niega completamente. Tras unos cuantos dimes y diretes con el usuario y ver el color de sus pies (morados, macerados, pantalón mojado por la supuración de las heridas), algo me impulsa (compromiso, experiencia, profesionalidad o sensibilidad o todo a la vez ) y le informo que como profesionales que somos, pero sobre todo personas, hoy no nos iremos de ahí, sin ir antes a urgencias; finalmente acepta y con los pocos medios de los que disponemos en el momento (guantes, mascarillas, bolsas de basura y una furgoneta de los servicios sociales) nos vamos para urgencias.

Antes de entrar al usuario a urgencias, y dado el olor que emana, decidimos hablar con la gerencia de urgencias para explicarles el caso. ¡Sorpresa! El usuario es conocido por el servicio de urgencias. Muy atento el responsable que nos atiende, nos facilita una salita de triaje, donde va a ser atendido.
La doctora (impecable en su trabajo), pide que se le dé una ducha al usuario (bendito personal auxiliar… el cielo ganado), y se le retiren las vendas que lleva puestas desde junio; ahora el olor es mucho peor, las piernas al ser descubiertas han dejado ver su estado real, tanto físico como ambiental, aquí me refiero al olor pútrido que desprenden.
La doctora, nos advierte que en el servicio de urgencias no pueden realizar la cura que requiere, que sería necesario pasar a quirófano para abrir y limpiar bien, y que tendría que ser el servicio de vascular quien lo tenga que realizar; servicio que en estos momentos no está disponible en este hospital.
Esta misma, que tiene el mismo sentimiento que el personal que acompaña al usuario, no puede dejar que se vaya sin antes atenderlo, cabe decir que el usuario en todo momento se niega a cualquier intervención, tan solo accede a las curas, pero las curas como antes, pero no es consciente, no hay capacidad de raciocinio.
Seguimos informando al usuario de las consecuencias de no realizar los tratamientos, sigue negándose. En un momento de debilidad, el usuario pide a esta servidora que sea yo quién elija por él que hacer y como persona humana que soy, le informo que entonces se quedará en el hospital ingresado para que se le pueda realizar un buen tratamiento, mencionar que en todo momento estoy acompañada por la educadora social y el trabajador social de la localidad, los cuales en ningún momento cesan de proponer y asistir al usuario, habiendo formado un equipo de trabajo donde la fluidez y la coordinación empieza a ser magia.
Nervios, llamadas, instituciones oficiales implicadas, todos mostrando su apoyo y ayuda para todo lo necesario y poder hacer una intervención donde se prime el deseo y calidad del usuario. Mencionar, a la trabajadora social del hospital, la cual, sin ningún impedimento y de nuevo con la templanza y saber estar que caracteriza esta profesión, se une al equipo formado improvisto, y chapó.
Tras valoración por parte del personal sanitario, se decide el no ingreso hospitalario de éste, dado que el servicio de vascular no se sabe cuándo podrá verlo y tras haberse puesto en contacto con ellos, facilitan las pautas para llevar a cabo las curas preventivas y nos citarán lo antes posible para valoración, por lo que mientras tanto, la solución más inminente será llevarlo a la residencia.
Se le comunica al usuario y para asombro de todos los presentes, el usuario acepta sin ninguna pega. De nuevo llega el personal sanitario, realizan las curas preventivas y solicitan ambulancia para ir a la residencia. Y allá que vamos.
Dichoso personal de la residencia, en todo momento pendiente de la situación. Asistieron al usuario de una manera intachable. Después de 30 minutos en la residencia, os puedo decir que el usuario parecía otra persona. Aseado, afeitado, ropa limpia.

Tengo que darme prisa, y tengo que recuperar ropa para él, no tiene dinero, no es beneficiario de ninguna prestación, tan solo tiene dni (desde hace un año), pero no pasa nada, hay que apañarlo… después se verá…. Me despido del usuario, le doy las gracias por su colaboración, y entonces me mira, y con la mirada más sincera que se puede tener, me agradece mi presencia. Y es ahí, cuando todo vale la pena, cuando sabes que no se puede parar, y que la humanidad, ante todo.
Tengo que mencionar, al equipo de trabajadores de la Fundación Mayores, en todo momento pendientes de la situación, descolgando teléfonos, enviando mails para que la situación llevase su curso y que no fuese que por un documento todo quedase en nada. Gracias, compañeras/os, no se puede sentir esta trabajadora más orgullosa de pertenecer a este equipo.
Es mi deber destacar, que paralelamente a la intervención de este usuario, se recogieron múltiples llamadas en relación con otros usuarios, en ningún momento se dejó a nadie sin atender. Y una vez más, se dejó ver la profesionalidad que el personal de esta Fundación lleva más de 25 años ofreciendo.

Comentarios de compañeros de Fundación Mayores:
Pilar: Para mí fue un día especial porque la situación pintaba muy complicada, pero a la vez tenía gran confianza en mi compañera. Ella resolvió de una manera impecable pero no solo profesionalmente hablando sino también humanamente. Devolvió a esta persona su dignidad y encontró la forma de que viera que él importaba a alguien… y eso le redujo el temor, el miedo del abandono y de la estigmatización. Y pensé que lo que hace la Fundación es MUY REAL y funciona porque mis compañeros creen en ello, creen que TODOS tienen IGUAL dignidad por encima de sus circunstancias… y esta creencia traspasó el dolor del abandono y fue más profunda que las heridas de la persona… y le devolvió la fe en el otro… Dori lo hizo posible. Y yo no tengo más que decir que ¡¡ENHORABUENA, DORI, ENHORABUENA EQUIPO!!
Juani:
Ese día lo viví con gran incertidumbre, pendiente del teléfono durante todo el día para ayudar en lo necesario, aunque fuera desde la distancia. Dori se embarcaba en un día complicado del que reconozco que, en un primer momento, no llegué a ver su alcance hasta bien entrada la mañana, cuando mi compañera nos iba dando pequeñas pinceladas de la situación de la que no dábamos crédito. Aun así, no tenía dudas de que el día terminaría bien y los objetivos se iban a cumplir, ¡y vaya si se cumplieron! Mi compañera cuenta con gran experiencia y profesionalidad, por lo que el resultado no pudo ser mejor, por lo que solo me queda darle mi más sincera enhorabuena.
Pablo:
Acababa de cumplir un mes en la empresa y, aunque me habían hablado muy bien del equipo de la fundación, no era consciente de por qué hasta este día. Honestamente, en todos los sitios en los que he trabajado lo he hecho con gente que se podría considerar (o al menos yo así lo hago) números 1 en su puesto. Ser el número 1 detectando un problema y darle una solución rápidamente a la empresa no es nada fácil. Sin embargo, cuando no tienes delante un Excel con números de cifras muy grandes, sino a una persona la cosa cambia. Todo se vuelve aún más urgente y difícil. Por eso, para mí ese día supuso un cambio de perspectiva y lo que pensé fue que el trabajo de Dori era inspirador. Enhorabuena al equipo de la Fundación por el trabajo, porque lo que hace uno repercute en todos, pero enhorabuena particularmente más a Dori por el amor con el que lo hizo, por el proceso y por el resultado. Número 1 en lo más importante: la humanidad y la cercanía.
Pedro: A VECES HACEMOS MILAGROS.
Cuando nadie puede estar en la calle, porque de lo contrario, nos arriesgamos a un golpe de calor, poniendo en riesgo nuestra Salud, nuestra compañera de Albacete, Trabajadora Social de Fundación Mayores, se dirigió a una localidad de Albacete, con el fin de ayudar a una persona mayor, de la que habíamos aceptado la curatela hacía apenas unos días. Era una situación de emergencia social, un caso literal de vulnerabilidad y desamparo, en definitiva, su vida corría serio peligro, pues llevaba días tirado por las calles, mendigando, sin apenas alimentarse, ni medicación…y con unas temperaturas infernales.
Si bien es cierto que, este es el trabajo de nuestras compañeras en el día a día, con casos muy diversos y variados, personas a las que ayudan ofreciendo apoyos y una vida digna, (un lugar donde residir, aseo, ropa, alimentación, medicación, compañía, cariño etc..), algo que parece obvio y que todos tenemos en los tiempos que corren, pero, aun así, nos seguimos encontrando con casos de desamparo. Para ello, se utilizan todos los medios personales y materiales, así como los recursos públicos y privados a nuestra disposición, llegando en última instancia al internamiento urgente o no voluntario.
Pues bien, nuestra compañera fue decidida a ayudar a nuestro curatelado. Su experiencia, cualidades, profesionalidad, valores y madera especial que tiene este equipo de Fundación Mayores, fueron de su mano para logran un milagro, …otro más a su lista desde hace años. En apenas horas, y con una intervención llena de dificultad y tensión en algunos momentos, también hubo lugar para la esperanza, consiguiendo dar luz a otra nueva persona, devolviéndola a la vida, con dignidad, cuidados y atenciones (yo les llamo los médicos de lo social, porque salvan vidas).
Tras ver la actuación de nuestra compañera, nos dábamos cuenta de todo el trabajo y esfuerzo que tuvo que derrochar este día para poder conseguir su objetivo, pero con un final feliz. Nos sentimos orgullosos de ella, pero también todos los compañeros que forman este equipo, algunos de los cuales también estuvieron coordinados ese día y prestaron apoyo a la compañera. La sensación que nos queda después del trabajo de ese día, y de otros días similares, es de gran satisfacción, dándonos fuerza para seguir luchando con casos similares, ofreciendo oportunidades a personas que viven en situación de soledad y desamparo, dignificándoles, con atención y cuidados, pero también con cariño y compañía.
Miriam: Ese día estaba en la oficina, haciendo mi trabajo habitual y no era consciente de la situación a la que estaba haciendo frente nuestra compañera Dori. Sabía que era un caso complicado, pero no me di cuenta de la gravedad de la situación en la que estaba nuestro curatelado hasta que nuestra compañera nos fue relatando sus impresiones, sus preocupaciones y sus sentimientos.
Cuando vi la situación física de esa persona pensé ¡madre mía! como puede vivir así, esas úlceras tan graves, ese olor que nos transmitía Dori, sus pantalones y ropa llenas de suciedad. Según iban pasando los acontecimientos, y nuestra compañera nos contaba, pensaba; que trabajo tan humano y que duro es, pero a la vez tan gratificante cuando el curatelado, pasado todo, le dio las gracias a Dori y se sintió acompañado y cuidado.
Dar mi enhorabuena a mi compañera, y a las personas que estuvieron apoyándola también ese día, y a todas las trabajadoras sociales de la Fundación que realmente se encuentran con casos muy complicados y actúan con toda la profesionalidad, humanidad y cariño del mundo.